Cuando comparamos la evolución del hombre con un camino nos preguntamos donde termina. Existen varias versiones de ese fin de acuerdo a lo que uno crea o de acuerdo a las leyes fundamentales de todo lo existente.

Para los ateos no creyentes todo empieza con el nacimiento y termina con la muerte física. Como uno de ellos dijo: ” Cada uno de los hombres es un intervalo de ser y de conciencia entre dos nadas”.

Para los creyentes hay una versión diferente segun el credo religioso. Esta la versión Catolica que no considera ningún proceso evolutivo porque parte de la idea de un hombre acabado desde el momento en que fue creado por Dios y que tiene como posibilidad para merecer su destino la corta duración de una vida. En esa vida debe cumplir siempre con los mandamientos de Dios y de la Iglesia para alcanzar el Cielo eterno que es en este caso el final del camino. Si por alguna razón viola los mandamientos puede limpiar la falta con el sacramento de la confesión para evitar el riesgo de morir en pecado. Como esa meta solo es alcanzable por muy pocos tiene la posibilidad de irse al Purgatorio, donde cumple una pena transitoria que no puede prologarse, en el peor de los casos más alla del Juicio Final. Si muere en estado de pecado mortal termina en la tortura eterna del Infierno.

Están las religiones reencarnacionistas que sostienen un proceso evolutivo del espíritu o del alma durante muchas vidas hasta que se alcanza la Unión con lo Divino en el fondo del corazón espiritual.

Hay caminos espirituales de diferente denominación que sostienen concepciones diferentes acerca de las etapas de desenvolvimiento espiritual. Muchos aceptan la reencarnación y otros no. Un ejemplo de esta modalidad es la Masonería en sus diferentes rituales. En estos caminos casi nunca se ve muy claro lo que se pudiera llamar el fin del camino.

El fin del camino que profeso es aquél donde por medio del trabajo sobre si mismos del cuerpo astral en sendas vidas físicas se alcanza el punto de libertad donde de acuerdo a la ley de tres y la ley de siete, podemos escoger entre formar nuestra alma o continuar el ciclo reiterado de autocomplacer al centro sexual. En ese momento podemos construir la tercera octava u octava del aire y formar el vinculo de unión con el espíritu y lo divino.

Los detalles de este último proceso que nos lleva al fin real del camino se encuentran en otras entradas y por ello no los describo en este artículo

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