De Gustav Meyrinck sobre el despertar de la consciencia

Publicado: enero 7, 2013 en Cuarto Camino, Esoterismo, Realidad Superior
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He querido transcribir un admirable texto del gran pensador esotérico alemán Gustav Meyrinck,  sobre el despertar de la consciencia, extractado de una novela suya llamada: “El espejo verde”

“La llave que nos hará dueños de la naturaleza interior esta oxidada desde el Diluvio

Se llama: velar.

Velar lo es todo

Los hombres están firmemente  convencidos de que velan, pero en realidad están presos de una red de sueños que han tejido ellos mismos. Cuando más se aprieta la red mejor impera el sueño. Los que están sujetos por sus mallas son durmientes que caminan por la vida como rebaños de ganado, llevados al matadero, indiferentes y sin pensar.

Los soñadores solo ven a través de las mallas, un mundo enrejado, no perciben más que aberturas engañosas, obran en consecuencia y no saben que estos cuadros son los restos insensatos de un todo enorme. Esos soñadores no son, como tal vez tú crees, los fantasiosos y los poetas: son los trabajadores los sin reposo del mundo, los que están roídos por la locura de obrar. Se parecen a los torpes escarabajos laboriosos que suben a lo largo de un tubo liso para hundirse en él cuando han llegado arriba. Dicen que velan, pero lo que creen que es vida no es más que un sueño determinado anticipadamente hasta en sus menores detalles y sustraído a  la influencia de su voluntad.

Ha habido y hay todavía algunos hombres que sabían que soñaban, pioneros que avanzaban hasta las murallas tras de las cuales se oculta el yo eternamente despierto. Videntes como Nietzsche,  Schopenhauer y Gurdjieff, pero no poseían, o no usaron plenamente las armas para el asalto a la fortaleza y su llamada a combate no despertó a los durmientes.

Velar lo es todo.

El primer paso a este fin es tan sencillo que un niño puede darlo. Sólo el que tiene el espíritu falseado ha olvidado como se anda y permanece paralizado sobre sus dos pies, porque no puede prescindir de las muletas que ha heredado de sus predecesores.

Velar lo es todo.

¡Vela en todo lo que hagas! No te creas ya despierto. No, tú duermes y sueñas.

Reúne todas tus fuerzas y haz que, por un instante, resplandezca en todo tu cuerpo esta sensación: ¡ahora estoy en vela!

Si esto te da resultado, reconocerás enseguida que el estado en que te encontrabas te parece ahora un embotamiento y un sueño.

Ese es el primer paso vacilante del largo, larguísimo viaje que conduce de la servidumbre al todo poder.

Avanza de esta manera de despertar en despertar.

No existe idea atormentadora que no puedas rechazar de esta manera. Se queda atrás y ya no puede alcanzarte. Te extiendes por encima de ella como la copa de un árbol sobre las ramas secas.

El dolor se aleja de ti como las hojas muertas cuando esta vela se apodera igualmente de tu cuerpo.

Los baños helados de los brahmanes, las noches de vigilia de los discípulos de Buda y de los ascetas cristianos, los suplicios de los faquires hindúes, no son más que ritos esculpidos que indican que allí se elevaba el templo de los que se esforzaban por velar.

Lee las escrituras santas de todos los pueblos de la Tierra. Por todas ellas se desliza, como un hilo rojo, la ciencia oculta de la vela. Es la escala de Jacob que combate toda la “noche” con el ángel del Señor hasta que llega el “día” y obtiene la victoria.

Tienes que subir uno tras otro los peldaños del despertar, si quieres vencer la muerte.

El escalón inferior se llama ya genio.

¿Cómo debemos llamar los grados superiores? Permanecen ignorados por la mayoría de los hombres y son tenidos por leyendas.

La historia de Troya fue tenida por leyenda, hasta que al fin un hombre tuvo el valor de excavar por sí mismo.

En este camino del despertar el primer enemigo que encontraras será tu propio cuerpo. Lucharas contigo hasta el primer canto del gallo. Pero si percibes el día del despertar eterno que te aleja de los sonámbulos que creen ser hombres y que ignoran que son dioses dormidos, entonces el sueño de tu cuerpo desaparecerá también y dominaras el universo.

Entonces podrás hacer milagros, si así lo quieres, y no tendrás que esperar, como un humilde esclavo que un dios falso y cruel tenga la amabilidad de llenarte de regalos o cortarte la cabeza.

Naturalmente la felicidad de un perro fiel, servir a un dueño no existirá más para ti; pero sé franco contigo: ¿Querrías incluso ahora cambiarte por tu perro?

No te dejes asustar por el miedo de no alcanzar ese fin en esta vida. El que ha encontrado este camino vuelve siempre al mundo con una madurez interior que le hace posible la continuación de su trabajo. Renace como genio.

El sendero que te muestro esta sembrado de acontecimientos extraños:       ¡muertos que has conocido se levantarán y te hablaran! ¡No son más que imágenes!.  Se te aparecerán siluetas luminosas que te  bendecirán. No son más que formas imaginarias exaltadas por tu cuerpo astral, el cual bajo la influencia de la Voluntad, morirá de muerte magnífica y se convertirá en tu alma, hija de tu espíritu, como el hielo alcanzado por el fuego se disuelve en vapor.

Cuando te hayas desprendido de ese cadáver sutil que hay en ti; podrás decir que el sueño se ha alejado de ti para siempre.

Entonces se habrá cumplido el milagro en que los hombres no pueden creer –porque engañados por sus sentidos no comprenden que materia y fuerza son la misma cosa- y el milagro de que, incluso si te entierran, no habrá cadáver en tu ataúd.

Solo entonces podrás diferenciar lo que es realidad de lo que es apariencia. Solo encontraras aquel que ha emprendido este camino antes que tú.

Todos los demás son sombras.

Hasta allí no sabes si eres la criatura más feliz o  la más desgraciada. Pero  no temas nada. Ninguno de los que han tomado el sendero de la vigilia, aunque se haya extraviado,  ha sido abandonado por sus guías.

Quiero darte una señal por la que podrás reconocer si una aparición es realidad o sólo imagen: si se acerca a ti, si tu conciencia se turba, si las cosas del mundo exterior son vagas o desaparecen, desconfía. ¡Mantente en guardia! La aparición no es más que una parte de ti mismo. Sino la comprendes, es sólo un espectro sin consistencia. Un ladrón que consume una parte de tu vida.

Los ladrones que roban la fuerza del alma son peores que los ladrones del mundo.  Te atraen como fuegos fatuos al pantano de una esperanza engañosa, para dejarte solo en las tinieblas y desaparecer para siempre.

No te dejes engañar por algún milagro que parezcan realizar en tu favor, por ningún nombre sagrado que se den, por ninguna profecía que formulen aunque esta se cumpla; son tus enemigos mortales, arrojados del infierno astral, y con los cuales luchas por el dominio.

Sabe que las fuerzas que poseen son las tuyas propias desviadas por ellos para mantenerte en la esclavitud. No pueden vivir  fuera de tu vida, pero si los vences, se hundirán y se convertirán en instrumentos mudos y dóciles que podrás emplear según tus necesidades.

Son innumerables las victimas que han hecho entre los hombres. Lee la historia de los visionarios y de los grandes dementes para aprender que el sendero que sigues está sembrado de cráneos.

Inconscientemente la humanidad ha levantado contra ellos una muralla invisible: El Materialismo. Esta es una defensa infalible; es una imagen del cuerpo físico, pero es también un muro de la prisión que te impide la vista.

Hoy andan dispersos y el fénix  de la vida interior resucita de las cenizas en que ha estado largamente acostado como muerto, pero los buitres del otro mundo empiezan a batir las alas. Por esto te pones en guardia. La balanza en que deposites tu conciencia te mostrará cuando puedes tener confianza en las apariciones. Cuando más despierta esté, tanto más pesara en tu favor.

Si un guía, un hermano de otro mundo espiritual se te quiere aparecer, debe poder hacerlo sin despojar tu conciencia. Puedes acercar tu mano a su costado como Tomas, el incrédulo.

Sería fácil evitar las apariciones y sus peligros, no tendrías que hacer más que comportarte como un hombre corriente. Pero, ¿ qué ganarías con ello? Seguirías siendo un prisionero en la cárcel de tu cuerpo, hasta que el verdugo <<muerte>> te llevase al patíbulo.

El deseo de los mortales de ver a los seres sobrenaturales es un grito que despierta incluso a los fantasmas del infierno, porque este deseo no es puro…; porque es avidez más que deseo, porque quiere “asir” de un modo cualquiera en vez de gritar para aprender a “dar”.

Todos los que consideran la Tierra  como una cárcel, todas las gentes piadosas que imploran la liberación, evocan sin darse cuenta el mundo de los espectros. Hazlo tú también: pero conscientemente.

Para los que lo hacen inconscientemente, ¿existe una mano invisible que pueda sacarlos del pantano que los absorbe? Yo no lo creo así.

Cuando en el camino del despertar, cruces el reino de los fantasmas, comprenderás poco a poco que son sencillamente ideas que puedes ver de pronto con tus ojos. Por esto te son extrañas y parecen ser criaturas, porque el lenguaje del cerebro es diferente del de las formas.

Entonces llega el momento en que se cumple la transformación: los hombres que te rodean se convierten en espectros. Los que has amado se convierten de golpe en larvas. Incluso tu propio cuerpo.

No se puede imaginar soledad más terrible que la del peregrino en el desierto, y quien no sabe encontrar el manantial de agua viva en él, se muere de sed.

Todo lo que te digo se encuentra en los libros de los hombres piadosos de todos los pueblos: El advenimiento de un nuevo pueblo, la vigilia, la victoria sobre el cuerpo y la soledad. Y, sin embargo un abismo infranqueable nos separa de esas gentes piadosas: creen que se acerca el día en que los buenos entrarán en el paraíso y los malos serán arrojados en el infierno. Nosotros sabemos que llegara un tiempo en que muchos se despertarán y serán separados de los durmientes, que no pueden comprender lo que significa la palabra vela. Sabemos que no existe el bueno y el malo sino sólo el sabio y el ignorante. Creen que velar es mantener los sentidos lúcidos y los ojos abiertos durante la noche, de modo que el hombre pueda hacer sus oraciones. Nosotros sabemos que la vigilia es el despertar del yo inmortal y que el insomnio del cuerpo es su consecuencia natural. Creen que el cuerpo debería ser abandonado y despreciado porque es pecador. Nosotros sabemos que no hay pecado; el cuerpo es el principio de nuestra obra y hemos bajado a la Tierra para convertirlo en espíritu. Creen que deberíamos vivir en la soledad con nuestro cuerpo para purificar el espíritu. Nosotros sabemos que nuestro espíritu, debe ante todo ir a la soledad para transmutar el cuerpo.

Tú debes elegir el camino a tomar: el nuestro o el suyo. Debes obrar según tu propia voluntad.

No tengo derecho a  aconsejarte.  Es más saludable coger por propia decisión el fruto amargo de un árbol que ver colgado un fruto dulce aconsejado por otro.

Pero no hagas como muchos que saben  que está escrito: examinad todo y conservad sólo lo mejor. Hay que andar, no examinar nada y retener lo primero que viene.”

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comentarios
  1. Doc Zurita dice:

    Valioso comentario, lleno de útil simbolismo.

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