Realidad objetiva, física e imaginaria

Publicado: julio 10, 2013 en cosmovisión, Realidad Superior
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En el desarrollo espiritual y en la vida cotidiana es preciso distinguir tres clases de realidad. La realidad objetiva comprende todo lo existente que puede ser de naturaleza sutil o física y que es independiente de los deseos y del poder de la mente para construir ficciones.

La realidad física esta formada por aquellos seres que pueden ser percibidos por los órganos de los sentidos, bien sea directamente o con el apoyo de medios también físicos que permiten la percepción por los sentidos. Así por ejemplo no somos capaces de ver las células o las bacterias sin el microscopio, ni los astros sin el telescopio.

La realidad imaginaria es una criatura de la mente que tiene una capacidad de fabulación asombrosa y aparentemente inagotable. Los arquitectos de esa realidad son nuestros deseos y nuestros miedos. Al principio se presenta una foto de un gato con un gran ego que se ve en el espejo y se considera como un León.

Para la realidad física e imaginaria tenemos dos estados subjetivos de consciencia: el sueño y la vigilia. En el sueño opera casi exclusivamente la capacidad de fabulación de la mente, con la única excepción de los sueños lucidos. En estos,  nos damos cuenta de que estamos soñando y que somos espectadores y protagonistas al mismo tiempo. Ellos son manifestaciones incipientes de conciencia objetiva de si mismos.

Para percibir la realidad  física utilizamos la conciencia de vigilia. Podemos decir que este es un nivel de conciencia objetiva frente a esta fracción de la realidad.  Pero allí termina su poder de percepción y la capacidad de su atención. Para el mundo exterior sutil, esta consciencia de vigilia no nos sirve para nada. Para el mundo interior sutil, conformado por el contenido de nuestros sueños, por la realidad imaginaria, por nuestras emociones, por nuestros recuerdos, por nuestros pensamientos, por nuestras intuiciones y, en definitiva, por nuestros propios cuerpos sutiles; esta conciencia de vigilia no puede ver ni oír  y se limita a identificarse con ellos sin poder salirse y observarlos  desde afuera.

Sólo cuando el hombre adquiere, mediante un largo y difícil trabajo sobre si mismo que toma muchas vidas, un nuevo nivel de atención y de conciencia, puede percibir toda la realidad objetiva; tanto su realidad interior como la realidad exterior sutil y física.  Es la verdadera iniciación, despertar e iluminación de que hablan todas las religiones que no son aparatos ideológicos de una casta de sacerdotes para explotar económicamente  la muerte y el miedo a lo desconocido.

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