Empezamos este siglo con nostalgias y mitos heredados del anterior. Uno de ellos es el socialismo que nos llevaría a la sociedad ideal comunista.

En esa sociedad terminaría la escasez y todos los derechos fundamentales del hombre a la salud, a la educación y a la satisfacción de las necesidades alimentarias estarían garantizados desde el nacimiento hasta la tumba. Cada cual al llegar a la edad responsable, podría dedicarse a su vocación en el oficio que escogiera. En esas condiciones de abundancia material, los instintos violentos del hombre desaparecerían. El hombre nacido y criado en ese medio, no tendría motivo para desear los bienes materiales ajenos y si los quería podría tenerlos fácilmente. No se daría el robo sino muy esporádicamente. Permanecerían los motivos de celos sentimentales y la envidia a las virtudes de los demás como únicas causas de violencia, pero los delitos contra la propiedad se reducirían drásticamente.

La obtención del poder de compra mediante el trabajo ajeno o explotación terminaría totalmente y quedaría el estímulo de trabajar como el placer de producir y de crear belleza y utilidad para los demás o de investigar y ampliar las fronteras del conocimiento propio en forma indefinida.

Así pensábamos y creíamos los que empeñamos la vida al ideal socialista. Pero no tardo en aparecer la frustración y la decepción. Nada de eso se logró y en lugar de nuestros sueños apareció la pesadilla de un capitalismo de estado totalitario, administrado y usufructuado en forma exclusiva y excluyente por una burocracia que “representa” al partido comunista o socialista.

Ese modo de producción hizo crisis al terminar el siglo pasado primero con la Revolución Rusa y luego en el resto del bloque socialista europeo. China cambió el modelo económico pero permaneció con el sistema político. Ni Cuba, ni Corea del Norte cambiaron y se mantienen con una gran represión.

En América Latina con el Comandante Chavez apareció un imitador del viejo y fracasado socialismo cubano. El comandante llamo a su modelo el Socialismo del siglo XXI. Para darle unas características propias, respetó tres instituciones que son incompatibles con ese sistema: el pluripartidismo político, la propiedad privada de los medios de producción y la libertad de los mercados y los precios, aunque los dos últimos los cambio por un control de precios y de cambios, una mayor intervención estatal y la nacionalización de la industria petrolera. Seguramente él estimo que su carisma y liderazgo, juntó con los altos precios internacionales del petróleo, le darían al partido socialista que el fundó no sólo la capacidad de compra externa e interna, sino el control político de la nación.

Todo marcho de acuerdo a los deseos y concepciones del Comandante que fue reelecto por tres veces consecutivas. Después de morir, aparecieron los grandes problemas que darán al traste con la Revolución Bolivariana: su sucesor no tiene el carisma ni el nivel para enfrentar lo que se ha presentado: fue elegido por una mayoría muy exigua y cuestionada. El país enfrenta un nivel de escasez de artículos de primera necesidad que puede calificarse de real pobreza.

Los ingresos del petróleo han venido gastándose en evitar el colapso económico de la amada e imitada revolución cubana y no le queda a Venezuela poder de compra para paliar la escasez interna que resulta en la inflación más grande del mundo. Los consultores económicos cubanos ignoran la forma de atacar ese problema y sólo le aconsejan al Presidente Maduro que se decida a copiar el modelo cubano y que reprima a los contrarrevolucionarios que son la mayoría de los jóvenes venezolanos. Al paso que va Venezuela o disminuye su apoyo financiero a Cuba y entra a crear estímulos para sus sectores estratégicos de producción local, como el de alimentos y a importar lo que decide no producir internamente; o se convierte en otra Cuba donde se reprime toda protesta contra la escasez y el estado adquiere el control de la economía.

En ambos casos esto es un fracaso y una frustración para la izquierda Latinoaméricana.

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comentarios
  1. Mónica dice:

    Totalmente de acuerdo. No nos queda más remedio que morir ahogados en medio de la ilusión capitalista de la propiedad privada y con unos herederos indignos del socialismo. Al respecto te recomiendo la entrevista a Mario Vargas Llosa en su opinión sobre las dictaduras de Cuba y Venezuela. Me parece una forma interesante de hacernos entender ésta decadencia.
    link: https://www.youtube.com/watch?v=t5MwqZLt1fM

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