Querido Hernando:

Hace 10 años partió tu cuerpo astral de este mundo físico.  Repaso con el recuerdo todas las enseñanzas que encontré contigo y quiero hacerte una confesión y un homenaje  donde te encuentres. Antes de morir me pediste que leyera en tu funeral la ” Plegaria a la Reina del Silencio” tomada de la  novela ” El cromosoma de Calcuta” del escritor indio Amitav Ghosh. He aquí algunos pasajes:

” El silencio furtivo y a veces inesperado de la ciudad,  ha sido mi sustento a lo largo de mi vida de escritor, me ha mantenido vivo en la esperanza de que a mí también me reclamaría cuando se me secara la tinta. Durante más años de los que alcanzó a recordar  he vagado por la oscuridad de las calles, buscando la invisible presencia que reina sobre ese silencio, intentando que me aceptara, rogando que me llevará al otro lado cuando exhale mi último suspiro. Sé que ha llegado el momento de la travesía y por eso estoy aquí y ahora delante de vosotros para rogar , para suplicar a la dueña de ese silencio, a la más oculta de las diosas, que me conceda lo que durante tanto tiempo me ha negado: que se aparezca ante mí…. cada palabra que he escrito siempre ha estado dedicada a ella. La he buscado en palabras, la he buscado en hechos, a la siempre esquiva señora de lo callado,  pero sobre todo la he buscado en la defensa de su fe.”

Compartimos el oficio de escribir y la fe en una presencia divina que reina sobre el silencio y el caos de la gran ciudad en que pasamos gran parte de nuestras vidas. Esa fe tuvo desasosiegos temblorosos como el de la oración que acabo de revelar. Esa creencia fue una conquista después de muchos años de ateísmo, de materialismo burdo y de los mitos e ideologías decadentes del siglo XX como la utopia revolucionaria y el sentido  marxista de la historia.

Al final fuimos construyendo nuestra vía espiritual porque como dijo Malreaux “podemos errar el camino durante mucho tiempo pero la vida tarde o temprano nos lleva a aquello para lo que nacimos”

Fuiste ante todo un interlocutor inigualable que siempre aportaba algo nuevo y más valioso a cada  una de las miles de  charlas que tuvimos. Dividíamos la humanidad entre despiertos y dormidos según el sentido que Gurdjieff y Castaneda le habían dado a los dos términos. Mucho antes de tu muerte alcanzamos el despertar de la conciencia que es lo único que vale la pena.

Todavía hoy te busco en cada una de las calles del centro de Bogotá  que fueron testigos mudos de aquellos diálogos iluminados y profundos que lograron abrir la semilla de nuestras Almas.  Todavía me falta cumplir el compromiso de imprimir tu novela póstuma: ” El argumento oculto”,  para poder yo también exhalar tranquilamente mi último suspiro antes de encontrarte al lado de la “Reina del Silencio”.

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comentarios
  1. Pilar Molina dice:

    Sin duda para él, mi tío, fue un regalo divino tenerlo como amigo. Alguien con quien compartir pensamientos y sentires es el más grande de los placeres de la vida!

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