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El nivel de consciencia Absoluta no fue presentada por Gurdjieff, al parecer porque lo considero demasiado avanzado para el grado de comprensión de sus discípulos. En una entrada anterior se presento una introducción a este concepto.

Con la consciencia absoluta se perciben no solo los cuerpos físicos, astrales y espirituales sino que por su grado máximo de sutileza puede sentirse el Absoluto como el ser total esencia de la realidad.  Este nivel de consciencia aparece en el alma  cuando sol 3 de la octava del espíritu creador en el Sol Absoluto se convierte en si 3 de la octava del alma y cierra su ciclo evolutivo. ello significa un acto supremo de amor consciente de esta octava del  espíritu creador y del Absoluto.

La. Consciencia absoluta solo se adquiere cuando se tiene la consciencia objetiva no sólo de sí mismo sino de todo lo externo a nosotros.  En ese nivel se suspende toda la actividad mental  asociativa y queda únicamente la contemplación del espíritu. En cuanto a la categoría del ser, el espíritu plenamente desarrollado empieza a percibir todas las cosas y los seres como si fueran parte de un ser omnipresente y eterno. Este nivel es el estado evolutivo que representa el final del ciclo evolutivo.

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Una de mis modificaciones a la enseñanza de Gurdjieff es la propuesta de un solo choque consciente para evolucionar y formar el alma. Además era necesario ubicar ese choque en el Eneagrama y para ello se construyó la figura que encabeza esta entrada. Esta figura tiene varias modificaciones respecto al eneagrama oficial :

  1. La numeración está invertida en relación al eneagrama divulgado. Ó sea que si es 1 y re es ocho.
  2. Realmente comprende tres choques uno entre do y sí que origina todo lo que es diferente al Absoluto y que puede llamarse choque original de todo lo existente. Otro entre la y sol denominado con el punto 3 y que representa el único choque consciente y por último el choque entre fá y mi  de carácter mecánico  llamado el choque programado externamente.
  3. Todos los procesos en eneagrama van en la secuencia do,si, la choque consciente, sol, fa,choque programado externamente, mi y re. El proceso evolutivo parece llevar trayectoria inversa pero realmente es impulsado por los hidrógenos más sutiles que producen los niveles superiores de consciencia

Aqui es necesario plantear un tema muy importante que significa un cambio de Concepción del eneagrama: De acuerdo al principio esotérico de que “Lo sutil crea lo denso”, o de qué  “La realidad sutil produce la realidad física”,  tenemos que el. Absoluto produce el espíritu y lo astral es efecto del espíritu y él a su vez crea lo etérico y lo físico.

Se ha cambiado la numeración del Eneagrama obedeciendo al principio anterior, debido a que en cualquier octava, la nota si corresponde a los hidrógenos más sutiles y la nota re a los más pesados.

Lo anterior tiene efectos sobre los procesos de evolución e involución o creación en el eneagrama. Tanto el proceso creador o involutivo, como el proceso evolutivo tienen como iniciativa el Absoluto y el espíritu. Ello significa que la trayectoria del proceso involutivo va desde si a la , choque consciente o “voluntariamente realizado”, sol, fa, choque programado externamente, y  mundo denso con las notas mí y re. El proceso evolutivo va desde lo denso a lo sutil pero tiene como factor  de realización o positivo la atracción y trabajo para aumentar la dotación de substancias o hidrógenos espirituales de los centros superiores mediante los métodos para  realizar el choque Consciente entre la y sol en donde el  elemento positivo son dichos centros superiores apoyados por la octava del Espíritu creador y el factor pasivo la substancia a transformar  y el deseo de superación del centro  sexual o “Sed de ser”, según Gurdjieff.

Aparece ahora la octava del Espíritu Creador que representa la octava superior que reacciona o interactúa  con la octava del hombre no evolucionado por medio del choque consciente para desarrollar la octava del alma que es igual a la del aire. Esta interrelación desarrolla primero los centros superiores y luego este proceso construye el alma.

La  octava del Espíritu Creador sustituye a la octava de impresiones y soluciona un problema lógico que la versión oficial de la enseñanza no había podido explicar :  La octava del alimento físico necesita la octava del aire para desarrollarse, la octava del aire, requiere la octava de impresiones para completarse, la octava de impresiones necesita otra octava de supra impresiones  y así en forma indefinida sin alcanzar nunca el Absoluto como fin supremo de la evolución.

Esta enseñanza basada en el principio  de que lo sutil es anterior y superior a lo denso; establece la dirección y control del Absoluto y del espíritu creador que contienen lo más sutil, sobre los procesos de creación y evolución como ya se ha expuesto. Por ello aunque la evolución se manifieste de lo físico a lo sutil su esencia y dirección se realizan desde lo más liviano.

El único choque consciente ha sido llamado “el punto de libertad” porque libera de la identificación con lo físico y con los deseos y miedos del centro sexual  y es el punto donde se escoge entre la reproducción física o  la perfección de los centros  superiores y la construcción del alma.

Hoy quiero insertar y comentar una oración por la dignidad humana escrita por el renacentista  Pico Della Mirandola:

“No te di,  Adán, ni un puesto determinado, ni un aspecto propio, ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquél puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya tu misma la determinarás sin estar limitada por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado: Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal ni mortal ni inmortal con el fin de que – casi libre y soberano artífice de ti mismo – te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás – de acuerdo con la decisión de tu voluntad – regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas.”

Es dificil encontrar un credo humanista mas grandioso y al mismo tiempo una expresión de una posición religiosa más respetable.  El autor narra una conversación imaginaria de Dios con Adan en el momento de crearlo y que se refiere a toda la especie humana. No acude a sobornarlo con el cielo, ni  lo amenaza con el infierno.  Le muestra la oportunidad de volverse o evolucionar hacia una criatura divina y ganarse la inmortalidad por la sola decisión de su voluntad “En cuyas  manos te he confiado”  !Que bella exaltación del hombre y cuan cierta!

El gran privilegio del hombre es  llegar a usar su libertad interior   para regenerarse o degenerarse. Pero para lograrlo el camino es largo porque  debemos ser conscientes  del poder de nuestra voluntad y del verdadero lugar que ocupamos en el Universo.


Pertenezco a una generación que leyó “El retorno de los brujos” de Luis Pauwels y Jaques Bergier con un fervor místico y revolucionario a la vez. Vivíamos una herencia muy difícil que parecía llevarnos a un callejón sin salida. El mundo acababa de vivir una guerra en donde se habían usado bombas atómicas y por primera vez aparecía el fantasma de la destrucción total de la humanidad y la muerte de una civilización. Desde el fondo de ese pesimismo surgía alguien que nos enseñaba la esperanza en el progreso y lo cerca que estábamos del gran salto de la especie. No sólo conquistaríamos el universo exterior sino el interno.  Estábamos al borde de un cambio de estado de consciencia que surgiría como los efectos de la gran obra de los alquimistas.

Con aquel pensamiento: “Nada es nuevo, salvo lo que se había olvidado”, los autores exploraron nuestro remoto pasado para describir nuestro futuro. Por primera vez percibimos con ellos la existencia de civilizaciones anteriores de igual o superior desarrollo científico y tecnológico que podrían haber desaparecido por un mal uso de la energía atómica.  Aparecía una misteriosa sincronía entre el conocimiento antiguo y el saber de frontera. Muchos de los problemas no resueltos por la ciencia de los años 60 del siglo pasado parecían tener rutas nuevas de solución al examinar el conocimiento de nuestros antepasados remotos.

Sin embargo cuando nos trasladamos al día de hoy vemos que este optimismo no era tan justificado como les parecía a los autores.  Las ciencias básicas como la física y la biología no han tenido avances como lo imaginaron Pauwels y Bergier.  La genética no ha transformado a la sociedad ni al hombre. Se avanza muy lentamente en la prevención y curación de las enfermedades mortales e incluso apareció el SIDA como una nueva dolencia contagiosa sin remedio conocido.  No se ha podido contraer el tiempo ni el espacio como proponía Einstein y no hemos inventado algún vehículo que se mueva a la velocidad de la luz que es la más pequeña y significativa para los viajes intergalacticos.

Con relación a los avances para una súper humanidad dotada de un nivel superior de consciencia prácticamente estamos igual.  Seguimos dormidos con respecto a lo que en este libro se llama “el estado de alerta”.  En el libro se afirmaba que nuestro sueño se debe a que usamos apenas el 10 % de. Las capacidades de nuestro cerebro y en el remoto pasado se había descubierto la forma de poner en funcionamiento ese 90%. La fórmula para esa transformación se había conservado por la tradición oculta de los alquimistas. Gustavo Meyrinck la llamó ” La ciencia oculta de la vela”.  Pero hasta el día de hoy esta tecnología que nos despertaría no es conocida o se mantiene inédita y secreta por un grupo privilegiado de seres desconocidos.

A pesar de lo anterior siento una gran admiración por este libro y esta entrada es un homenaje a la pasión con la que fue escrito que llevo a esos autores a buscar puertas  al conocimiento por más fantásticas o clandestinas que fueran. Hoy sentimos la ausencia de esos  aventureros salvajes del saber capaces de explorar más allá de todas  las ideologías y paradigmas admitidos

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Entre 1965 y 1992 fui seducido por el materialismo marxista y la aparición de las enseñanzas de Gurdjieff que daban un sentido interior muy confuso y poco firme a mi vida. Mis creencias inconscientes oscilaban entre la ideología marxista y la experiencia fracasada y psicologísta del trabajo sobre mí mismo inspirada en una versión errada del Cuarto Camino.

Durante 1992 tuve una serie de regresiones a vidas anteriores  con un famoso psicólogo colombiano: Giovanni Ciardelli Fadul. Esas experiencias me permitieron  revivir 9 vidas anteriores y estallaron una revolución interior muy grande. Quedaba fuera de toda duda para mi  la existencia de vida antes de nacer y después de morir.  Al fin conocía lo que es la fe consciente  y esa emoción superior me permitió empezar el camino para construir mi alma y modificar profundamente la versión falsa de la enseñanza de Gurdjieff y la comprensión del Eneagrama.

Casualmente a partir de 1989 empezó la crisis del socialismo con la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética cuando nuevas naciones se independizaron de Rusia. El trasfondo de esa transición era el fracaso económico y político de  una ideología que significo un sentido de mi vida. Ello ayudo a preparar el terreno para ese cambio interior producto de las regresiones

Desde entonces comprendí que los fenómenos  analizados en el primer capítulo de esta serie prueban con total certeza la existencia de una realidad sutil donde habitan seres que no son afectados por el nacimiento ni la muerte.

En general el Catolicismo y el Cristianismo que conocemos han  sostenido siempre la existencia de un Alma creada por Dios en el momento del nacimiento y que no termina con la muerte.

Para estas ideologías religiosas el alma humana es un don gratuito. Fruto de algo arbitrario de la divinidad y que según sea su comportamiento en una efímera vida se gana el Cielo o un castigo eterno.

No parece existir ninguna proporción entre el comportamiento y el premio o el castigo. Aunque sólo sea en términos de tiempo, la duración de uno u otro no guarda ninguna correspondencia con el exiguo periodo de la vida humana. Esto sólo bastaría para cuestionar la justicia de ese Dios que según nos dicen es infinitamente misericordioso pero que actúa con un sadismo también infinito cuando envía un alma al Infierno. O con generosidad desproporcionada al mérito cuando otorga un premio eterno a su actuación en una corta existencia.

A lo anterior la religión Católica añade otra injusticia divina derivada de lo que se ha llamado el Pecado Original con el cual todos nacemos y que fue cometido por la primera pareja de seres humanos. De esta forma los hijos de la enésima generación nacen responsables de una falta que no cometieron y destinados al castigo eterno sino profesan el credo cristiano.

Esta situación se complica cuando pensamos en  la casi segura existencia de vida igual o superior a la humana en otros planetas porque aparece la pregunta de si hubo o no hubo pecado original en otros planetas. Si entendemos que el pecado original es fruto de las tendencias  egoístas del hombre, porque el creador de Adán y Eva los hizo así en todos los planetas habitados. El Creador seria el responsable del pecado Original y no sus criaturas.

Lo que hoy parece más probable es que la creación es un deseo divino para conocerse a sí mismo porque antes de ese proceso él estaba solo y no tenía con quien compararse. Las posibilidades de evolucionar son fruto de un acto de amor consciente del creador para que sus criaturas  puedan mejorarse y llegar a ser algún día iguales a él, además de poder conocer y probar su propia omnipotencia.

La creación es un proceso que parte de Dios que va manifestándose en formas más densas con menor conciencia de sí, pero que guardan en su inconsciente el impulso de atracción que los lleva de retorno a su morada original por medio del proceso inverso a la creación llamado evolución. La consciencia de si es el medio y el metro del nivel evolutivo. A mayor conciencia de sí, mayor altura en la inmensa escala de la perfección, hasta unirse con la consciencia absoluta de Dios.