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Hay un principio esotérico que afirma: ” Nacer es morir, morir es nacer” .  Esta frase tiene diferentes interpretaciones. Podemos interpretarla al nivel de la vida en el cuerpo físico como los resultados de ciertos hechos que nos cambian el curso y el sentido de la vida.  Cuando nos casamos morimos a la vida de solteros y nacemos a la vida de pareja. Cuando escojemos una  profesión, morimos a las demás carreras.

En otro nivel, cuando morimos físicamente, nacemos al mundo astral de los cuerpos sutiles,  con un cuerpo relativamente inmortal, siempre que nos mantengamos en la atmósfera  de nuestro planeta o en la de uno similar. Cuando nacemos en el mundo físico, morimos al mundo astral,  aunque no perdemos el cuerpo astral,  no lo percibimos con los limitados sentidos físicos, sino con los ojos de la conciencia objetiva de si mismos, cuando la hemos desarrollado.   Así el significado de la muerte ofrece diferentes sentidos dependiendo del nivel del  cosmos donde nos hallemos.

Este proceso de transformación mediante la muerte y el nacimiento esta muy bien representado por el cambio de la oruga en mariposa. La oruga o el gusano tiene que morir, para nacer como mariposa.  Sin embargo todo lo que necesita el gusano para volverse mariposa, lo tiene ya como semilla, como elemento sin desarrollar.   Las alas se hallan ocultas  e incipientes  en su cuerpo y cuando se dan las condiciones propicias aparecen.

Tomemos ese ejemplo de la naturaleza para transformar nuestro cuerpo astral y dar nacimiento a nuestra alma  con todas  sus nuevas cualidades que adquiere con el doble aporte de los elementos mas finos del cuerpo astral y el aporte de nuestro espíritu.  No olvidemos que el nacimiento del alma, viene después del desapego del deseo y el miedo que son sustituidos por la voluntad, y  luego de que la conciencia objetiva de si mismo ha sustituido a la conciencia reactiva que depende de las condiciones externas, de los actos reflejos que producen en nuestro interior estas condiciones y la programación inconsciente cuando nacemos y la recibida de los padres, sacerdotes y profesores por la educación.

Este nacimiento del alma depende del despertar gradual  fruto del trabajo consciente y el sufrimiento voluntario que nos lleva al desapego o  muerte  al  nivel anterior de nuestro cuerpo astral, dominado por su programación inconsciente y por sus respuestas mecánicas  a la información que recibe por los sentidos.

Se cumple así otro aforismo:  “El hombre puede nacer pero para nacer primero debe morir, pero para morir es necesario despertar”  y podemos comprender este otro: ” Cuando el hombre despierta puede morir y cuando muere puede nacer”

Alguna vez  el escritor ingles Chesterton  pregunto: Cuales son las relaciones entre Información, Conocimiento y  Sabiduria?  En esta entrada quisiera  opinar al respecto.

Vivimos en la era de la información. Todos nuestros aparatos recién inventados o aquellos un poco más viejos ,   manipulan datos de toda clase.  La televisión,  la radio, los computadores  y los teléfonos celulares nos brindan todo tipo de datos visuales o auditivos;  nos alimentan y nos ordenan comprar y  actuar  de acuerdo a lo que quieren los dueños de los medios que nos  evitan pensar por cuenta propia.  En esas circunstancias el ser humano común se ha venido convirtiendo en un robot manejado por el entorno informativo.

El  conocimiento se equipara con la ciencia que se desarrolló a partir del siglo 19  y se fundo sobre el paradigma positivista cuyo criterio de verdad es aquello que puede verificarse directa o indirectamente por medio de los sentidos.  Estamos aquí en un callejón sin salida para lo que trasciende la agudeza y las capacidades de nuestros ojos, nuestros oídos  o nuestro tacto. En palabras de Aurobindo: ” La ciencia moderna nada sabe y nada puede saber sobre el alma, ya que sus dominios se limitan a la carne al cerebro y los nervios, tampoco cuenta con aparato alguno que le permita establecer su verdad o falsedad. En cuanto traspasa el ámbito de la verdad física inmediata se encuentra prácticamente desvalida”

En ese sentido podemos concluir que el conocimiento  es algo muy limitado a la realidad física  y no existe todavía una ciencia de lo sutil que explore los reinos espirituales  y mucho menos el campo de lo divino.

La sabiduría es un estado del ser humano con un alma que ha caminado mucho mas allá de lo  sensorial y que se vale de un saber superior al del conocimiento experimental.  Por ello es consecuencia y presupone un nivel de ser superior y evolucionado que ha despertado y puede ver substancias y seres sutiles y contemplar incluso lo divino.

Para el hombre sabio ya tiene muy poco valor la información  que es tan importante para el hombre ordinario. El ha venido usando únicamente los datos que le indican la forma de alcanzar los estados superiores de conciencia hasta llegar a la conciencia absoluta  como la meta suprema.