Posts etiquetados ‘evolución’

He pensado mucho para escribir esta entrada y soy consciente que este tema ha sido tratado con mas profundidad por otros autores desde Sócrates hasta Nietzsche. Sin embargo mi trabajo en el Cuarto Camino me ha obligado a revisar algunos conceptos.

Al parecer tanto el concepto de Dios como el concepto de la moral están sometidos al cuestionamiento de si ” Dios creo al hombre o fue el hombre el que creo a Dios?” Dios estableció la moral? o fue el hombre el que la invento y le atribuyo a Dios la autoría?” Tuve una época del mas radical ateismo y me deleitaban estos párrafos de Nietzsche en su critica a la religión: “Yo quiero restituirle al hombre como propiedad suya, como belleza suya, toda la grandeza y la sublimidad que ha proyectado sobre las cosas reales e imaginarias, para hacer de este modo su más bella apología: el hombre como Dios, como pensador, como creador. !Oh sobre su magnanimidad real con la que ha enriquecido todas las cosas, para empobrecerse él, para sentirse miserable!. Esta ha sido hasta ahora su mayor abnegación: la de creer que era otro el que creaba aquello que el admiraba” Si alguien , algún día quiere proponer el credo del humanismo ateo, debe recitar como si fuera un gran poema estas palabras de ese inmenso pensador alemán.

Como se pensaba que el hombre había inventado a Dios, también se creía que había inventado la moral y la religión. Posteriormente con Marx se explico que esos inventos formaban el contenido de una ideología de la clase propietaria de los medios de producción (la Iglesia y la Nobleza como miembros principales) para que los pobres explotados, no se dieran cuenta de que su miseria era el fruto de esa explotación y pensaran que era una prueba de Dios y una oportunidad para alcanzar el Cielo cuando murieran.

El ateísmo es refutado con el argumento de que la evolución en la que se fundamenta para negar a Dios supone alcanzar seres superiores al hombre hasta llegar a Dios.

Para el tema que nos ocupa, en el cuarto camino se distingue entre las morales subjetivas propias de las ideologías religiosas y que son diferentes en cada una de ellas y la moral objetiva que es la forma de evolucionar para todos los seres humanos.

Por supuesto que existe una moral laica que suaviza y regula las relaciones entre los seres humanos y que toma algunas normas de la moral religiosa dominante en cada país. Generalmente se recogen las normas sobre la vida humana y la propiedad, tales como prohibir el asesinato, la violencia física y el robo. El resto de las normas de la moral se dejan para que sean acogidas por los fieles de cada religión.

Hay otro tipo de moral humanista que puede resumirse en esta frase: “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti” o en su versión positiva:  “Actúa y trata a los demás como te gustaría que te trataran y actuaran contigo”

En cuanto a la moral objetiva la que consideró la verdadera moral, comprende todo aquello que permite la evolución del hombre por medio de la conciencia objetiva de sí mismo, la consciencia objetiva y la consciencia absoluta. El objetivo fundamental es la construcción del Alma.

Como es obvio este concepto de evolución supone la existencia de niveles de ser superiores a nuestro ser ordinario desde los ángeles  hasta llegar a Dios y al Absoluto. Volvemos entonces a encontrar a Dios en una versión diferente a la de las ideologías religiosas.

En esta moral se lucha por experimentar las emociones superiores de amor, fe y esperanza conscientes y se trabaja el recuerdo de si y la no identificación con las emociones negativas. Lógicamente una persona que se ha transformado hasta no experimentar emociones negativas no viola ni la ley ni las otras morales en lo que se refiere a la vida y a la propiedad de los demás.  Ella  actúa con inteligencia emocional.

En la verdadera moral no hay pecado ni culpa, ni castigo divino, ni infierno. Hay errores, responsables y los fracasos solo acarrean la consecuencia de tener que volver a repetir las vidas y las experiencias hasta que se logre evolucionar.

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Desde que llegue a la adolescencia me obsesiono la pregunta?: Porque y para que nací? He gastado cincuenta y cinco años en encontrar la respuesta. Aunque mi interés y angustia hayan sido intermitentes, sentía que este misterio taladraba mi subconsciente y permanecía latente cuando me distraía con algo diferente.

Cuando apareció esa pregunta mis profesores de religión se apresuraron en contestarme con el catecismo del Padre Astete: “Nacemos para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y adorarlo en la otra”; pero ya por esa época, a la duda anterior se sumaba mi desconfianza en la existencia de Dios y en la de una vida después de la muerte.

Pertenezco a una generación que vio triunfar a la Revolución Cubana. Contemplábamos un escenario muy diferente al que le ha tocado a la juventud actual: Una tercera parte de la población mundial vivía en países que estaban construyendo el socialismo primero y el comunismo después. Teniendo en el Caribe a un vecino que empezaba a liberarse del Capitalismo, creíamos que la Revolución Colombiana era cuestión de poco tiempo y ante todo pensábamos que la historia del hombre tenia un sentido hacia el socialismo y a la revolución. En ese mundo ya existía una respuesta al sentido de nuestras vidas: Debíamos trabajar para el triunfo de la Revolución y la construcción de la nueva sociedad y el nuevo hombre comunista. La ideología del porvenir era el materialismo ateo dialéctico Marxista Leninista. Con esa certeza y la fuerza inexorable del destino histórico, apostamos muchos nuestras vidas al Marxismo. Sin embargo allá en el fondo de nuestro ser existía una inquietud: La victoria de la revolución nos daba un sentido social y colectivo, pero : ¿ cual era nuestro sentido personal? ¿ Seria cierto lo que afirmaba Sartre : “El hombre es un intervalo entre dos nadas”?

Hoy todo cuan distinto. Lo que creíamos imposible sucedio: El mundo socialista se derrumbo. En menos de 5 años desaparecieron esfuerzos realizados en 73 años y lo que era aun mas grave: Habíamos perdido el sentido de nuestras vidas o por lo menos había demasiadas grietas en ese edificio ideológico como para albergarnos en él. En la edad adulta nos encontramos con las manos vacías, con la misma angustia existencial de la juventud y, ademas, el amargo sabor del fracaso.

En el Capitalismo triunfante había decaído la versión humanista del progreso del hombre y minado la confianza en el conocimiento científico. Esos ideales del siglo 19 parecían estar en un callejón sin salida.

Fue en ese contexto donde me toco reconstruir el sentido de la vida y migrar al conocimiento esotérico que hoy responde a esa cuestión sobre el significado y el sentido de existir.

El aporte del pensamiento esotérico, de sus técnicas para liberar lo mejor de si mismos y adquirir el verdadero sentido de la vida, merece ser el contenido de otro articulo.

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Los fieles al cuarto camino, por lo general son incrédulos  respecto a la religión. Por ello puede parecer extraña esta propuesta religiosa.  Se olvidan de que Gurdjieff llamo a sus enseñanzas: Cristianismo esotérico.

Como todas las religiones tenemos un Credo, la diferencia es que nuestra fe es consciente y no es la ingenua credulidad sin revisar ni verificar si es real o no lo que se profesa.

Creemos en la ley de tres y la ley de siete de acuerdo a la enseñanza de Gurdjieff,  incluidas  en el Eneagrama.   En el signo de la Cruz vemos una expresión de la ley de tres  que se presenta en el llamado misterio de la Santísima Trinidad.

En esta religión,  creemos. no solo en el cuerpo físico, sino en  seres y substancias sutiles que incluyen: el cuerpo etérico, el cuerpo astral, el espíritu  y el  Uno Absoluto.

Creemos que las funciones de la conciencia subjetiva ordinaria, tales como los pensamientos, las emociones, y las sensaciones ligadas a funciones instintivas, tienen asiento en el cuerpo astral y usan como medio para manifestarse al cuerpo etérico y al cuerpo físico.

Creemos en la reencarnación y en el karma  y por tanto hay vida antes del nacimiento y después de la muerte. Creemos en diferentes niveles de Karma de acuerdo al nivel de ser y de conciencia.

No creemos en el infierno y pensamos que el planeta en que vivimos es un purgatorio para nuestro Karma que podemos transformar en el reino de los cielos por nuestra propia evolución.

Creemos que el  reino de los cielos se encuentra aquí y ahora en el fondo del corazón de todos los seres humanos y no tenemos que esperar a morirnos  para alcanzarlo.

El sentido de nuestra vida es comprender y amar conscientemente, de acuerdo a la enseñanzas de Cristo y  adquirir  mediante el trabajo interior una consciencia objetiva e imparcial de si mismos y de todo lo que nos rodea; mejorar la calidad y cobertura de nuestra atención  y encontrar  por medio de la oración, la meditación y la respiración conscientes todo lo que necesitamos para construir nuestra alma, que nos permitirá la consciencia la plena consciencia objetiva, la consciencia absoluta  y completar definitivamente la octava del aire.

No necesitamos  la redención, ni la salvación, porque no hubo ningún pecado original.

Entendemos por moral la identificación con la  mejor parte de nosotros mismos y a medida que progresamos en nuestro trabajo espiritual, la practica de la  fe consciente, del amor consciente  y de la esperanza consciente.

Creemos  que en  la moral se incluyen aquellas conductas basadas en no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros.

Incluimos en el sentido de nuestra vida las recomendaciones de Gurjdieff a todos los seres humanos :

  1. “Tener en el transcurso de su existencia eseral ordinaria todo lo que es realmente indispensable y satisfactorio para su cuerpo planetario.
  2. Tener constantemente en si mismo una necesidad instintiva inextinguible de perfeccionamiento en el sentido de Ser.
  3. Esforzarse conscientemente por conocer siempre más a fondo las leyes de la creación y de la existencia del mundo.
  4. Pagar desde el comienzo y cuanto antes por su llegada al mundo y por su individualidad a fin de ser libre luego para aliviar en toda la medida de lo posible la aflicción de Nuestro Padre Común.
  5. Ayudar siempre a sus semejantes así como a los seres de otras formas con miras a su perfeccionamiento acelerado”.</

Cuando comparamos la evolución del hombre con un camino nos preguntamos donde termina. Existen varias versiones de ese fin de acuerdo a lo que uno crea o de acuerdo a las leyes fundamentales de todo lo existente.

Para los ateos no creyentes todo empieza con el nacimiento y termina con la muerte física. Como uno de ellos dijo: ” Cada uno de los hombres es un intervalo de ser y de conciencia entre dos nadas”.

Para los creyentes hay una versión diferente segun el credo religioso. Esta la versión Catolica que no considera ningún proceso evolutivo porque parte de la idea de un hombre acabado desde el momento en que fue creado por Dios y que tiene como posibilidad para merecer su destino la corta duración de una vida. En esa vida debe cumplir siempre con los mandamientos de Dios y de la Iglesia para alcanzar el Cielo eterno que es en este caso el final del camino. Si por alguna razón viola los mandamientos puede limpiar la falta con el sacramento de la confesión para evitar el riesgo de morir en pecado. Como esa meta solo es alcanzable por muy pocos tiene la posibilidad de irse al Purgatorio, donde cumple una pena transitoria que no puede prologarse, en el peor de los casos más alla del Juicio Final. Si muere en estado de pecado mortal termina en la tortura eterna del Infierno.

Están las religiones reencarnacionistas que sostienen un proceso evolutivo del espíritu o del alma durante muchas vidas hasta que se alcanza la Unión con lo Divino en el fondo del corazón espiritual.

Hay caminos espirituales de diferente denominación que sostienen concepciones diferentes acerca de las etapas de desenvolvimiento espiritual. Muchos aceptan la reencarnación y otros no. Un ejemplo de esta modalidad es la Masonería en sus diferentes rituales. En estos caminos casi nunca se ve muy claro lo que se pudiera llamar el fin del camino.

El fin del camino que profeso es aquél donde por medio del trabajo sobre si mismos del cuerpo astral en sendas vidas físicas se alcanza el punto de libertad donde de acuerdo a la ley de tres y la ley de siete, podemos escoger entre formar nuestra alma o continuar el ciclo reiterado de autocomplacer al centro sexual. En ese momento podemos construir la tercera octava u octava del aire y formar el vinculo de unión con el espíritu y lo divino.

Los detalles de este último proceso que nos lleva al fin real del camino se encuentran en otras entradas y por ello no los describo en este artículo