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Esta es una entrada nostálgica y melancólica, hecha de los fantasmas de mis recuerdos y mis sueños, tal vez porque pertenezco a una vieja generación que le aposto a la revolución socialista como la única manera de cambiar el mundo. Naci a finales de la 2ª guerra mundial y llegue a la juventud en un mundo que estaba dominado en una tercera parte por el “socialismo centralmente planificado” que quedo al término de esa contienda. Creiamos que el siglo XXI sería el de la sociedad sin clases del comunismo: Una perfecta Utopia. Nadie pensaba que todo eso que considerabamos nuestra herencia mas valiosa se desmoronaria en dos años.

Han pasado 100 años desde que una vieja campesina rusa confundía la llegaba de la “Constitución” con el nombre de la nueva esposa del Zar. La revolución Rusa  traía la buena nueva del socialismo a los hombres y esa noticia se acompañaba de grandes esperanzas en el poder de la mente y de las manos del hombre para transformar la sociedad y llevarla hacia un progreso indefinido que permitiría darle “a cada uno según su trabajo y cada quien según sus necesidades”. Que quedó de la revolución rusa?

Ahora ya no queda nada de esa Revolución que despertó grandes esperanzas, duro 73 años hasta que se levantó el velo de la mentira y de la propaganda ideológica. La revolución encarnaba según sus creyentes el único y verdadero sentido de la historia del hombre que se movía resolviendo las contradicciones entre diferentes formas de explotación, según el modo de producción: Esclavista, feudal y capitalista.

Realmente el modo de producción ideal que sería el estado administrado por los trabajadores y campesinos donde se terminaba  la propiedad privada porque los medios de producción pasaban a manos del Estado; resultó un fracaso económico que se mantuvo y mantiene  por la represión política y policial.

Hoy todo cuan distinto, los revolucionarios vivos o muertos nos han defraudado de buena o de mala fe.

Con mucha tristeza constatamos que la codicia por tener lo que tienen los odiados explotadores invadía los corazones y las mentes de los revolucionarios. Que el deseo de poder,  dinero  y comodidades “burguesas” de los dirigentes del partido comunista se volvió una obsesión mucho mas intensa que los anhelos de servir a sus pueblos que justificaban y aún hoy justifican su existencia.

La falla de las revoluciones socialistas y de los revolucionarios en erradicar la miseria y la explotación es ahora un triste espectáculo. Lo que antes era la explotación del hombre por el hombre se volvió la explotación del hombre por la burocracia del Partido, apoyada por las fuerzas armadas. Esta dirigencia termino aspirando a perpetuarse en el poder sin ninguna razón hasta que produjo la ira y la desesperación de los gobernados. Ese es el panorama desolador que contemplamos hoy y que nos llena de frustración y desesperanza.

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Cuando Chávez creó el bolívar fuerte a principios de 2008 este valía $46 centavos de dólar  (por un dólar daban 2,15  bolívares Fuertes) o $ 1380 pesos colombianos, ahora vale 24 centavos de peso y en términos de dólar, un dólar vale 14.840 bolívares fuertes. Es decir que ha perdido 6.902 veces su valor. Esta es la peor foto del empobrecimiento del vecino en 9 años del socialismo del siglo XXI. 

Como siempre lo hemos mostrado la economía no es sino la relación entre escasez y necesidades.  Las necesidades en Venezuela son más o menos las mismas que había cuando se  estableció el  bolívar fuerte; pero la escasez de dólares ha aumentado 6.902 veces.  Por estar acostumbrada a recibir abundantes dólares del petróleo, Venezuela no se preocupo por desarrollar su industria local sino que consumía lo que importaba.  Tan solo una pequeña porción de los bienes de consumo y servicios se producían y se producen localmente.

En ese aspecto la construcción del socialismo bolivariano estuvo asegurada y el gobierno no sólo podía usar los petrodólares para gastarlos en los pobres sino para regalar petróleo a Cuba.  Pero el derrumbe llego con la caída de precios del petróleo a más de la mitad.

Ante esa condición el gobernante Maduro ignorante de la teoría económica,   fue asesorado por cubanos que le recomendaron políticas que han fracasado en su propio país para situaciones geográficas y políticas muy diferentes.

Como ya no se podía mantener los subsidios a los precios de los artículos de primera necesidad los quitaron, y pasaron al sistema de la cédula para usarla como tarjeta de racionamiento. Como si fuera poco organizaron un monopolio en manos de los militares para distribuir los artículos más necesarios y con ello crearon privilegios abusivos por la posibilidad de especular de esa nueva mafia que además recibe dólares a precios privilegiados de 6 bolívares fuertes por dólar  para mandarlos a sus cuentas personales en el exterior. Es decir que a la escasez de dolares se le sumo la escasez producida por los militares para enriquecerse y mantenerse en el poder. Los responsables de controlar la especulación de alimentos y drogas son los que la producen. Todo eso lleva la situación a límites insoportables

Obvia consecuencia de lo anterior fue la gran derrota política de la elección de la asamblea legislativa donde la oposición controla las dos terceras partes.

Probablemente sus famosos asesores cubanos le recomendaron a Maduro que debía hacer lo que hicieron en Cuba: Acabar la democracia burguesa y llevar el país a un régimen de partido único: El partido socialista unido de Venezuela. Para ello debiera aprobar una nueva constitución redactada por los miembros de ese partido por medio de una asamblea constituyente.  Una constitución igual a la de Cuba. Todo lo demás es contrarrevolucionario.

Aplicar  eso a Venezuela es  una locura cuando se sabe que el gobierno ya era  impopular en un  75%,   demostrado por la elección de la Asamblea,  con una terrible escasez de alimentos, drogas y de todo lo esencial, con un aparato productivo desmantelado por la escasez de dólares y de materias primas importadas lo que aumenta mucho el desempleo. Como puede hacerse eso? Con una terrible represión. Además geográficamente Venezuela no es Cuba y cualquier venezolano puede salir sin necesidad de balsas ni de arriesgar su vida por cualquiera de los puntos de la frontera con Colombia. El país se está desocupando.

Me duele ese fracaso por una nostalgia del sueño socialista y porque está catástrofe le ha caído en forma muy injusta a toda la izquierda latinoamericana y mundial. Muchos partidos y movimientos de izquierda son desacreditados cotidianamente mostrándoles  a los potenciales votantes el gran fracaso venezolano. Excelentes propuestas como Podemos en España están bloqueadas porque, según sus enemigos, quieren imponer ese modelo.

Es muy difícil predecir lo que pueda pasar en el inmediato futuro y casi se puede afirmar que los peores días están por venir por la complicidad con el régimen de un ejército comprado con prebendas y privilegios y dispuesto a mantenerlos a toda costa. Tal vez las sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea y el aislamiento internacional puedan llevar a una solución negociada. Pero el daño producido por el desprestigio de la izquierda no se puede recuperar.

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En este blog se vino pronosticando el colapso económico de Venezuela y del socialismo del siglo XXI. Ahora eso es una realidad dolorosa para el país vecino.

Pasó lo que se preveía y se produjo una catástrofe electoral para el socialismo venezolano que por ahora no parece resolver el problema.  Los precios del petróleo siguen bajando y el país vive de lo que importa y que ahora no tiene conqué pagar. El socialismo y el capitalismo anterior no crearon una industria nacional que sustituyera las importaciones y ese es un proceso lento y largo que no se hace de la noche a la mañana.  La Asamblea Nacional, ahora en manos de los “contrarrevolucionarios”, debe crear un modelo de fuentes alternativas de ingresos externos que financie el proceso de establecer una industria nacional mediante un modo capitalista de producción con intervención estatal que sustituya las importaciones con producción nativa. Pueden tomar como ejemplo al vecino Colombia que pasó un coyuntura parecida de grande escasez de dólares entre 1966 y 1990 y le tocó controlar e intervenir las importaciones para dirigirlas a los medios de producción y las materias primas necesarias para fundar una industria nacional.  Por eso el final del socialismo de principios de los 90 y la reciente bonanza petrolera no llevaron  a una desaparición de la industria local sino a su fortalecimiento para afrontar la crisis causada por la baja de precios del petróleo.  Algo parecido le corresponde a Venezuela que no puede esperar el “milagro” de hallar una fuente de ingresos de medios de pago internacionales que instantáneamente remplacen los ingresos petroleros.

Por un tiempo, mientras se reorienta la inversión a los nuevos objetivos, la situación económica de Venezuela se verá como un callejón sin salida.

Socialismo en Venezuela

El mercado negro o de contrabando se origina, entre  otras razones,  cuando se fijan precios irreales para una mercancía que son diferentes a su precio real.  Los precios reales corresponden a la relación existente entre la escasez real y la necesidad real o sentida de una mercancía.  A la escasez real la podemos llamar  oferta y a la necesidad real  demanda.  Ambas se encuentran en el mercado no intervenido por el estado para fijar el precio. Los precios artificiales se originan en dos acciónes: el control y/o el subsidio del Estado. Cuando el Estado controla los precios obliga a los vendedores a cobrar ese precio como máximo y cuando los subsidia el Estado le paga los costos total o parcialmente al productor  o vendedor y lo obliga a vender la mercancía o el servicio a un precio fijo.

En el caso de Venezuela hay precios controlados o ficticios y precios reales fijados por oferta y demanda. Los precios controlados corresponden  a los artículos de primera necesidad.   Tanto esos artículos como los que tienen precios reales son importados y ello ha terminado por encarecerlos por la terrible escasez de dólares que vino por la caída de los precios del petroleo. Aunque los importen a precios internacionales la devaluación real del bolívar los encarece de tal manera que la tasa de inflación ha pasado del 60% en 2014 al 200%.

En la frontera se vive una situación que ha sido producida por el gobierno socialista de Venezuela. El socialismo allá ha tenido características diferentes al de Cuba en cuanto al aspecto económico. El Estado no controla la totalidad del aparato productivo o la gran mayoría sino que hay una economía mixta donde un sector capitalista coexiste con el sector intervenido por el gobierno. En cambio Colombia es un país capitalista que interactúa en su frontera mas grande con Venezuela.

Los sectores económicos con precios controlados en Venezuela tienen dos alternativas o producen a perdida y el gobierno paga las perdidas y los subsidia; o dejan de producir para no arruinarse. En el primer caso se origina un mercado negro de revendedores del articulo subsidiado que el gobierno no puede controlar en el que participan  colombianos pero lo controlan venezolanos que compran al precio ficticio artificialmente bajo y venden al precio real donde se unen la escasez con la necesidad u oferta y demanda sin control. El Gobierno de Venezuela ha sido incapaz de  solucionar el problema y el control de vender a una misma persona con la cédula es insuficiente e inocuo por la corrupción de los comerciantes sobornados por los revendedores. Tendría que imponer la libreta de racionamiento que seria una medida políticamente inconveniente. Para distraer a los consumidores y hallar “chivos expiatorios” les echa la culpa a los colombianos que viven en su país como si no hubiera venezolanos que  dirigen ese negocio.

El Gobierno venezolano se invento la película de que los protagonistas del mercado negro son los grupos paramilitares, dirigidos por el expresidente  Uribe que están realizando una guerra económica contra el pueblo venezolano y el socialismo del siglo XXI. Todo ello como estrategia preelectoral.

Para un alumno de primer semestre de Economía esos argumentos son absurdos y sino veamos un ejemplo. El precio  oficial del Bolívar es 6 bolívares por un dólar. El precio real es 800 bolívares por un dólar.  En cualquier lugar de Venezuela es muy buen negocio comprar dólares  al precio oficial para venderlos al precio real.  Decir que ese negocio únicamente se hace en la frontera con Colombia y no en el resto de Venezuela es un despropósito fruto de la ignorancia de los principios elementales de la economía o un acto de mala fe. Lo que se aplica al dólar  se aplica a cualquier artículo de precio controlado o ficticio guardada la relación entre su escasez y la necesidad reales  que representan el valor real  y el valor controlado o falso revelado por el precio oficial.

La situación anterior  no se había presentado anteriormente porque Venezuela recibía muchos dólares por el petróleo pero cuando eso se disminuyó en un 50% el colapso económico como lo planteamos en otras entradas fue de tales proporciones que ya no hubo ni siquiera dólares para importar la comida, ni para subsidiar los precios y como el aparato productivo interno es casi inexistente para sustituir la oferta importada, todo se vino abajo. Culpar de eso a los colombianos o a los paramilitares es apenas una gran mentira,  nacida en una mente ignorante y paranoica, o una estrategia de mala fe para mantener el poder político ante una probable catástrofe electoral o un argumento para suspender las elecciones.

Protesta en Venezuela
La foto anterior tomada en una protesta reciente en Venezuela muestra con muy pocas palabras la gran diferencia entre el sueño y la  realidad del socialismo.

Fui ferviente partidario del socialismo hasta que cumplí 50 años, a  principios de los 90 del siglo pasado cuando este modo de producción se auto destruyo. Quedaron Corea del Norte, Cuba y Vietnam.Después de muchas promesas que alimentaban la utopía, vinieron los fracasos económicos y políticos que hicieron creer a la mayoría de la población de esos países que no valía la pena seguir sosteniendo a gobiernos de burócratas corrompidos  y mediocres a costa de su libertad.

Hoy la realidad no ha cambiado y en parte ha empeorado porque a la lista de países mencionada se añade Venezuela.  Como era de esperarse el partido socialista en ese país logró sostener el sueño, mientras hubo abundancia de dólares, luego todo se volvió una triste copia de Cuba.  Esta isla del Caribe,  no es un ejemplo a imitar porque allá se vive un colapso económico disfrazado desde hace mucho tiempo por la libreta de racionamiento y precios artificiales que no reflejan el nivel de escasez ni las necesidades reales de los bienes.  Venezuela no ha podido enmascarar la escasez con precios falsos y no los puede subsidiar porque tendría que hacerlo en dólares porque el bolívar se ha devaluado en un 10.000% y  por eso la inflación ha subido en más del 200 % en un año. En un pueblo acostumbrado a la abundancia de dólares y de bienes importados, enfrentarse a la escasez absoluta y relativa de artículos de primera necesidad y las colas para todo  es algo desesperante y doloroso.

La lista de paradojas de esta frustración es grande:

  • De un modo de producción que iba a terminar con la pobreza, se paso a un sistema que no solo aumentó la pobreza y el atraso tecnológico sino que lo distribuyó en forma igualitaria para la mayoría de la población con excepción de los dirigentes del partido, socialista o comunista.
  • Despues de autodenominarse la verdadera democracia, termino en una dictadura de un puñado de burócratas mediocres que se auto perpetúan en el poder.
  • Decía representar la liberación del hombre y termino siendo una nueva forma de esclavitud.
  • Defendía que era el fin de la enajenación del hombre y termino siendo la enajenación a una ideología.

Los economistas nos enfrentamos  a cada momento con el reto de discriminar entre aquello que interpretamos en forma objetiva y experimental  y lo que analizamos con los anteojos de la ideología.

Entiendo por ideologia la concepción  del termino en el sentido marxista: Conjunto de conceptos e ideas formuladas por los grupos poderosos para interpretar la realidad de acuerdo a sus intereses.  Este termino puede aplicarse también al propio marxismo, al socialismo, al pensamiento de la clase  obrera y en especial  constituye el fundamento  para actuar de los dirigentes del  Estado de los trabajadores y del partido comunista o socialista. Este es el caso de Venezuela.

La realidad económica en Venezuela presenta fenómenos propios del capitalismo que no existen en Cuba  y no pueden interpretarse con la ideología  marxista, sino con las herramientas de la teoría económica capitalista.  Venezuela tiene un sistema capitalista intervenido por el Estado, pero capitalista al fin y al cabo.

La inflación y la escasez dentro del capitalismo solo pueden enfrentarse en forma eficaz produciendo y/o importando lo escaso para que los precios dejen de subir y empiecen a bajar y cuando eso se realice intervenir el dinero en circulación para que la capacidad de compra del dinero en poder de los compradores refleje la nueva situación de abundancia  relativa de bienes y  servicios.  Eso lo han hecho todos los países que lograron reducir sus tasas de inflación a  menos del 10%

Estos problemas no pueden atacarse con controles de precios drásticos que terminan sacando las mercancías del mercado o las llevan al mercado negro o paralelo con valores exorbitantes. Tampoco sirve meter a la cárcel a los comerciantes, por especuladores, porque pasa lo mismo.

Los asesores cubanos que miran todos esos hechos económicos con los lentes de su ideología recomiendan copiar el sistema de la libreta de racionamiento. Esto es muy costoso políticamente  y seria establecer unas condiciones donde la escasez se sostiene por represión y los precios no revelan el verdadero poder de compra de las mercancías ni del dinero. Ello traería a Venezuela  el fracaso económico de Cuba.

Empezamos este siglo con nostalgias y mitos heredados del anterior. Uno de ellos es el socialismo que nos llevaría a la sociedad ideal comunista.

En esa sociedad terminaría la escasez y todos los derechos fundamentales del hombre a la salud, a la educación y a la satisfacción de las necesidades alimentarias estarían garantizados desde el nacimiento hasta la tumba. Cada cual al llegar a la edad responsable, podría dedicarse a su vocación en el oficio que escogiera. En esas condiciones de abundancia material, los instintos violentos del hombre desaparecerían. El hombre nacido y criado en ese medio, no tendría motivo para desear los bienes materiales ajenos y si los quería podría tenerlos fácilmente. No se daría el robo sino muy esporádicamente. Permanecerían los motivos de celos sentimentales y la envidia a las virtudes de los demás como únicas causas de violencia, pero los delitos contra la propiedad se reducirían drásticamente.

La obtención del poder de compra mediante el trabajo ajeno o explotación terminaría totalmente y quedaría el estímulo de trabajar como el placer de producir y de crear belleza y utilidad para los demás o de investigar y ampliar las fronteras del conocimiento propio en forma indefinida.

Así pensábamos y creíamos los que empeñamos la vida al ideal socialista. Pero no tardo en aparecer la frustración y la decepción. Nada de eso se logró y en lugar de nuestros sueños apareció la pesadilla de un capitalismo de estado totalitario, administrado y usufructuado en forma exclusiva y excluyente por una burocracia que “representa” al partido comunista o socialista.

Ese modo de producción hizo crisis al terminar el siglo pasado primero con la Revolución Rusa y luego en el resto del bloque socialista europeo. China cambió el modelo económico pero permaneció con el sistema político. Ni Cuba, ni Corea del Norte cambiaron y se mantienen con una gran represión.

En América Latina con el Comandante Chavez apareció un imitador del viejo y fracasado socialismo cubano. El comandante llamo a su modelo el Socialismo del siglo XXI. Para darle unas características propias, respetó tres instituciones que son incompatibles con ese sistema: el pluripartidismo político, la propiedad privada de los medios de producción y la libertad de los mercados y los precios, aunque los dos últimos los cambio por un control de precios y de cambios, una mayor intervención estatal y la nacionalización de la industria petrolera. Seguramente él estimo que su carisma y liderazgo, juntó con los altos precios internacionales del petróleo, le darían al partido socialista que el fundó no sólo la capacidad de compra externa e interna, sino el control político de la nación.

Todo marcho de acuerdo a los deseos y concepciones del Comandante que fue reelecto por tres veces consecutivas. Después de morir, aparecieron los grandes problemas que darán al traste con la Revolución Bolivariana: su sucesor no tiene el carisma ni el nivel para enfrentar lo que se ha presentado: fue elegido por una mayoría muy exigua y cuestionada. El país enfrenta un nivel de escasez de artículos de primera necesidad que puede calificarse de real pobreza.

Los ingresos del petróleo han venido gastándose en evitar el colapso económico de la amada e imitada revolución cubana y no le queda a Venezuela poder de compra para paliar la escasez interna que resulta en la inflación más grande del mundo. Los consultores económicos cubanos ignoran la forma de atacar ese problema y sólo le aconsejan al Presidente Maduro que se decida a copiar el modelo cubano y que reprima a los contrarrevolucionarios que son la mayoría de los jóvenes venezolanos. Al paso que va Venezuela o disminuye su apoyo financiero a Cuba y entra a crear estímulos para sus sectores estratégicos de producción local, como el de alimentos y a importar lo que decide no producir internamente; o se convierte en otra Cuba donde se reprime toda protesta contra la escasez y el estado adquiere el control de la economía.

En ambos casos esto es un fracaso y una frustración para la izquierda Latinoaméricana.