Posts etiquetados ‘Súper Ego’

image

Después de adquirir esta certeza en la reencarnación y tener nuevos contenidos en la enseñanza de Gurdjieff, a poco andar me encontré con estos interrogantes:  como explicar el mal? y existe o no el Karma?

Si Dios es la causa de todo, sería entonces la causa del mal ? Para responder a este interrogante es necesario definir que es el mal. Existen dos definiciones: una relativa a la norma moral y otra relativa a lo que produce dolor o destrucción del hombre o de su patrimonio. En ambos casos vemos que es un concepto relativo, no absoluto. Por ello es imposible atribuírselo a Dios que es el uno Absoluto. Además nadie da lo que no tiene y en la creación las cosas salen de Dios y no de la nada.

La noción de mal relativa a lo que nos duele o nos disgusta y va en contra de nuestros intereses y deseos parece ser el origen de la norma moral humana. Esta norma también consagra los derechos a satisfacer las necesidades y disponer de los bienes y servicios económicos que se requieran para este efecto.

En términos objetivos de tipo físico los hechos y los actos malos destruyen nuestras vidas, nos enferman, dañan nuestros bienes o se oponen al reconocimiento de nuestros méritos y de nuestras virtudes.

La otra noción de mal y pecado como algo prohibido por una norma religiosa, dada por Dios, es un invento de la casta de sacerdotes y aspirantes. Estas normas se diferencian de las relacionadas anteriormente, porque contienen, además de las normas de la moral humana, prohibiciones que van en contra de deseos instintivos y violan el derecho a disponer libremente de la vida y del cuerpo, como  la prohibición de relaciones sexuales con seres del sexo opuesto, por fuera del Matrimonio o con seres del mismo sexo. Además prohíben hasta pensar en esas relaciones y la masturbación. No autorizan los medios artificiales de control natal y el aborto, ni el suicidio y la eutanasia.

La cuestión importante es cuál es el origen de las normas morales que establecen el bien y el mal y que son introducidas en el inconsciente del hombre por medio de la educación y el miedo. Ellas forma algo que podría llamarse en términos de Freud: el “Súper Ego” de la sociedad humana.

Las normas de la moral ordinaria no han tenido ningún origen divino y han sido inventadas por los hombres, llámense profetas, sacerdotes, reyes o legisladores. Este es el factor común a todas ellas. Sin embargo cabe la pregunta: existe la moral dada por Dios?

La respuesta a esta pregunta a estas alturas de mi vida es NO. Lo que hay son las dos leyes fundamentales: La ley de tres y la ley de siete. La primera actúa creando la  involución desde Dios hasta la criatura de menor nivel evolutivo. Por esta misma ley hay la posibilidad de la trayectoria evolutiva a partir del hombre el cual puede escoger entre crear su alma o reproducirse en otro ser igual a él. Ese camino evolutivo está regulado por la ley de siete a partir de la semilla espiritual representada por los centros superiores emocional y mental.

El ser humano puede desenvolverse espiritualmente a través de la experiencia que despierta progresivamente a niveles de consciencia que transmutan su ser. En el transcurso de ese viaje que puede durar millones de vidas hay éxitos y fracasos debidos a falta de información sobre estas leyes y al poder de los deseos instintivos que se oponen a la germinación de su alma y neutralizan o velan el instinto de auto perfección que es apoyado por la atracción  inconsciente de los centros superiores sobre el centro sexual.

Hoy empezamos a comprender la muerte y la reencarnación y nos damos cuenta de la falsedad de la moral religiosa que nos enseñaron e impusieron como requisito para alcanzar un  cielo imaginario o evitar un infierno también ficticio. Sabemos que la reencarnación tiene por objeto construir un alma  y liberarse mediante el trabajo sobre sí mismo de ese ciclo aburrido y rutinario hacia niveles superiores de ser y de consciencia.

A partir de la realidad objetiva invisible y la impotencia de nuestra consciencia ordinaria que solo percibe la realidad física nos toca reconocer el  valor relativo de esta corta existencia física con sus valores y apegos que nos han obligado una y otra vez a venir a este planeta hasta que no desarrollemos niveles de ser y de  consciencia más amplios y profundos.

La ciencia llega a un callejón sin salida cuando el observador no se transmuta para adquirir la conciencia objetiva que le permita acceder a esta realidad ultra física y verificar nuevos datos donde encontrará la respuesta a   problemas insolubles actualmente.

Las religiones que admitieron la existencia de la realidad no ordinaria e invisible no se preocuparon por demostrarla y definirla en términos más o menos aceptables para la conciencia científica; sino que se contentaron con refugiarse en una actitud dogmática que les trajo el rechazo irreconciliable del pensamiento moderno.

La pregunta sobre el Karma merece una entrada aparte.