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Una de las formas más importantes del choque consciente es la  comprensión de las verdades relacionadas con las leyes generales de tres y de siete.

En el choque consciente se asimilan o digieren las substancias sutiles espirituales que nos permiten desarrollar los centros superiores emocional y mental primero y el alma después.

El choque consciente puede darse en el cuerpo astral desencarnado o  en este cuerpo incluido en el cuerpo físico. En el primer caso, se realiza exclusivamente por las emociones conscientes y la comprensión de las verdades relativas a las leyes cósmicas.  En el segundo caso puede ser fuertemente apoyado por la respiración consciente.

No todos los datos ciertos y reales tienen el poder de convertirse en sustancias que contribuyen a la construcción y crecimiento del alma considerada como un ser espiritual independiente. Los que tienen ese poder son las certezas derivadas de la comprensión de las leyes fundamentales.

Las verdades básicas tiene un grado mayor de sutileza y un peso muy leve y por ello su percepción y comprensión se realiza en los niveles objetivos de consciencia.

La llamada consciencia de “vigilia” tiene la capacidad de percibir la realidad física pero no la realidad sutil. Las verdades que puede percibir pertenecen a ese nivel de la realidad y  son muy dispersas y  referentes a múltiples objetos.

Por lo anterior es imposible percibir con la consciencia ordinaria la realidad astral y mucho menos la espiritual.  Por las mismas razones no se comprenden las verdades relativas al principio de unidad en la diversidad  y las estructuras que descienden del Absoluto y en las cuales actúa el principio de relatividad.

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Unos momentos antes de condenar a Jesucristo, Pilatos le pregunto: “Que es la verdad?. El futuro crucificado prefirió no responder nada. Tal vez porque le pareció que había cierto cinismo en el que  hizo la pregunta o quizás porque no tenía los méritos suficientes ni el nivel de ser y de conciencia para comprender la respuesta. De todos modos Jesucristo si era el único capaz de contestarla.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida y quien cree en mi aunque este muerto vivirá”

Esta frase como la frase: “Dejad a los muertos que entierren a los muertos” tienen desde el punto de vista de la Iglesia Cristiana del Cuarto Camino significados relacionados pero que no pueden ser comprendidos sin conocer las enseñanzas de esta Iglesia.

La verdad a la cual se refiere Cristo no es nada menos que la que diferencia la muerte de la vida en lo que se refiere al cuerpo físico y al cuerpo astral del hombre. Puede existir una verdad más importante?

Las Iglesias cristiana y católica le dan a estas frases el significado de haber o no recibido la Gracia Bautismal  y el perdón de sus pecados para estar vivos en la fe de Jesucristo. Ello equivale a que los pecadores, los ateos o los incrédulos están muertos  cuando van a un cementerio a enterrar  a sus seres queridos; son muertos espirituales enterrando a muertos físicos. Ademas si alguien muere físicamente  en estado de Gracia, obtiene la vida eterna.

En  el Cuarto Camino tenemos una interpretación diferente de ambas frases:  Creemos en la existencia de tres cuerpos en el ser humano: Espiritual, astral y físico.  Los dos primeros son sutiles e inmortales. En contraste con el último que es denso y mortal.  No obstante el cuerpo astral puede morir para que nazca el Alma.  Cuando Cristo, afirma que es “El camino, la verdad y la vida” y que “quien cree en mi, aunque este muerto,  vivirá” se refiere a la fe consciente necesaria para engendrar el Alma. Esa es la percepción de la consciencia objetiva y la comprensión de la Verdad del Espíritu   necesaria para desarrollar el embrión de Alma.  Cuando esto sucede el antiguo cuerpo astral desaparece y el hombre se libera del ciclo de reencarnaciones que parecía interminable.

Cuando Cristo afirma que “hay que dejar que los muertos entierren a los muertos” en la Iglesia Cristiana del Cuarto Camino creemos conscientemente que se refiere a todos los seres humanos que no han despertado a la posibilidad de lograr la conciencia objetiva de si mismos y de construir su propia Alma. Ellos nacen y mueren físicamente una y otra vez y renacen muertos o dormidos a la vida del Espíritu. El verdadero y último nacimiento es el del  Alma. Ese nacimiento no se relaciona con la Gracia ni con el Bautizo, ni con la redención del Pecado original ni con el perdón de los pecados mortales.